Flygskam
Reducir, reciclar y reutilizar

Flygskam: nueva palabra para la sostenibilidad?

«Vergüenza de volar» o Flygskam, en su versión sueca.

A veces se hacen masivos algunos términos que finalizan por convertirse en banderas para las más variadas causas. ¿La palabra sueca Flygskam será una de ellas?

Básicamente significa «vergüenza de volar en avión». A diferencia de tiempos pasados donde tomar un avión era símbolo de status y de buen vivir ahora pareciera significar algo malo: nos hace ver como depredadores del planeta.  Y esto porque está comprobado que los aviones producen efectos fuertemente nocivos para el medio  ambiente: emiten alta dosis de dióxido de carbono por kilómetro recorrido y también vapor de agua y óxido nitroso. Según algunos cálculos, muy relativos por cierto, la parte proporcional de cada pasajero en cada vuelo anula los esfuerzos de todo un año para cuidar el ambiente. Por supuesto esto depende de cuánto nos esforcemos cuando estamos «con los pies sobre la tierra».

Flygskam: ¿dilema ético?

El avión es el medio de transporte que más contamina y se está imponiendo, al menos en los países nórdicos, la tendencia a utilizarlo cada vez menos. Todo parece haber comenzado en Suecia, no casualmente el país de Greta Thunberg, la joven activista cada vez más conocida por su lucha contra el cambio climático. Ella se negó a viajar por Europa en avión, utilizando el tren para sus traslados. También su madre, cantante lírica, se habría negado a utilizar el avión, perdiendo varios contratos de trabajo. De hecho, llevando sus ideas a la práctica, en estos días Greta inició una travesía por el océano Atlántico a bordo de un velero con la intención de llegar a América para participar en la Cumbre sobre la Acción Climática que tiene previsto celebrarse en Nueva York el 23 de septiembre de 2019 y en otros eventos relacionados con el clima.

Los números muestran que pasamos de 250 millones de viajeros aéreos en 1950 a un billón en la actualidad. ¿Son necesarios todos esos vuelos? Parte de la explicación se encuentra en el auge de las aerolíneas «low cost» que vinieron a revolucionar el sector, con vuelos muy baratos para distancias cortas. Pero ahora las compañías aéreas comienzan a preocuparse por la toma de conciencia ambientalista.

Es cierto que por el calentamiento global más de 250 millones de personas han tenido que cambiar su lugar de residencia (datos de la ACNUR) y las consecuencias de la emergencia climática están por doquier.

¿Debemos avergonzamos de volar?

La recomendación sería evitar, siempre que sea posible, el uso del avión y en esta línea de pensamiento encontramos una nueva causa para usar el tren, reduciendo la huella de carbono sobre el planeta. Como resultado de esta tendencia, surgen iniciativas como la Plataforma Tagsemester, creada para dar consejos sobre el uso del tren como medio de transporte alternativo al avión.

Estamos de acuerdo en que la propuesta no significa no tomar nunca un avión, pero sí tomar las decisiones a conciencia, conociendo sus consecuencias.

Quizás una solución intermedia sea usar la presión de esta mayor concientización para impulsar a las empresas aeronáuticas a ser más cuidadosas con el medio ambiente. Ya se comienzan a implementar algunas nuevas estrategias, como pedirles a los pasajeros que elijan sus menús con antelación para volar con menos carga o usar sólo un motor siempre que sea posible. ¿Tardarán mucho en llegar los «vuelos verdes»?

 

Si te interesa el tema del turismo sostenible puedes leer Las tres reglas del buen turista.

 

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